· Desde siempre, muy valenciano ·

  escudo de valencia

   Desde que mi memoria recuerda, mi padre se encargó siempre de mostrarme la que es la realidad de la cultura valenciana, nuestras señas de identidad, nuestra lengua vernácula que es la lengua valenciana, etc. Yo me empapaba de lo que él me contaba, pero fui dándome cuenta con el transcurso de los años, de que mi padre era vehemente en exceso hasta el punto del fanatismo, lo cual entierra la objetividad y el rigor cuando se trata de conocer un tema de raíces como es éste. Así que con el tiempo, aun estando de acuerdo con él en una mayoría de las evidencias que defendía a capa y espada, me fui alejando de sus influencias para ser mas imparcial. De este modo me ocupé de verificar durante dos años de visitas a bibliotecas,—dos años de  BUP perdidos… o no—, estas realidades histórico-culturales estudiando todo tipo de documentos y mapas, la mayoría de ellos facsimilares bajo una visión como decía imparcial, ya que lo que deseaba era conocer mis verdaderas raíces culturales, ante la confusión que creaban las constantes controversias, basadas en nuevas teorías falsas introducidas por ciertos poderes políticos, con la vergonzante intención de tergiversar la historia y la cultura, atentando contra una lengua, la valenciana, que el mismo Miguel de Cervantes, reconoció como “la lengua más dulce de las habladas en la península ibérica”. ¿Por qué facsímiles?, sencillo: “para llegar a la verdad, hay que investigar desde la raíz, librandose de cualquier contaminación malintencionada”. Y en este asunto habían demasiadas contaminaciones malintencionadas. Esas nuevas teorías, muchas de ellas ridículas, fueron introducidas en las universidades y plataformas culturales. Es verdaderamente penoso que haya hoy en día tanta gente engañada, por lo que es una maniobra maquiavélica, de ciertos poderes políticos regionales de corte imperialista y otros nacionales que apoyan a éstos. Días atrás, navegando por internet, he podido leer en algún foro, asombrado perplejo y a carcajadas, teorías que se inventan reinos que no existieron, paternidades en cuanto a banderas que harían reir a cualquiera…  la cultura no es política, es cultura, la historia está escrita, no se puede reinventar, siempre he sentido vergüenza ajena.

   Como todos sabemos, en el entramado cultural de los pueblos se encuentran las fiestas tradicionales. No solo en la ciudad de Valencia que me vio nacer y en la que residí hasta mis cuarenta años de edad, si no también en una gran cantidad de poblaciones de la Comunidad Valenciana, existe una fiesta tradicional que por su singularidad conoce gran parte del mundo: las fallas. Desde temprana edad sentí muy adentro su significado y me enorgullecí de su historia. Recuerdo como si fuera hoy, que lloraba desconsolado cada día de San José, cuando hacia la media noche eran voráz y despiadadamente consumidos por el fuego aquellos monumentos de cartón-piedra, para dejar una ciudad triste y desolada, que había pasado del bullicio constante que invadía toda la urbe a un silencio que parecía sepulcral, en la que aun se escuchaban algunos estruendos de los petardos y las tracas, durante los días siguientes al día 19 de Marzo, como no queriendo aceptar que hubieran finalizado las fallas de ese año. Aun hoy, soy un enamorado de esta fiesta ruidosa y colorista y sé que lo seguiré siendo hasta el final  de mis días.

   En aquella época de colegial en la que mi edad oscilaba entre los diez y los catorce años, continuando con mi apego a la creación manual y haciendo honor a esa fiesta colorista que adoraba, comencé a hacer fallas. Creo recordar que fueron cuatro los años durante los que hice una falla, para el día de San José, el día de la cremà. Se trataba de un pequeño y modesto monumento hecho en casa, de cartulina y lo que pudiese pillar, por afición y satisfacción personal, que durante los días en los que se desarrollaban los festejos falleros, sería quemado en la calle como si se tratase de una falla oficial más. Así que no lo dudé, dicho y hecho,—“pensat i fet”, como dice una frase hecha típica en lengua valenciana—, ya que quizá por el ímpetu característico de los niños, cuando pensaba algo me ponía manos a la obra, tal vez lo pensaba una vez y media pero no dos. Lo cierto es que para ser un niño se me daba muy bien, hasta el punto de que un artista fallero les propuso a mis padres que me pusiera a trabajar con él, como ayudante claro, ¿qué te parece?. La respuesta es de imaginar: un NO rotundo ya que debería de haber dejado sin terminar mis estudios primarios. Respuesta muy entendible y lógica, ¿no te parece?.

   Y así, fuí demostrándome a mí mismo sin tener una conciencia real en aquel momento y a mis padres aunque tampoco parecían ser conscientes de ello, que posiblemente mi futuro profesional podía estar ligado a alguna profesión artesanal o ralacionada con las artes plásticas.

Fuente enlaces: Wikipedia

Publicada on 5 mayo 2009 at 00:47  Dejar un comentario  

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