· El caldo de cultivo ·

  

    Era evidente, que mi orientación profesional de futuro, estaba en las bellas artes. Aunque ahora me resulta obvio, entonces no me daba cuenta de ello; es posible que a cualquier puber de 14 años, le hubiera pasado lo mismo.

   Además, yo fui un niño muy enmadrado desde muy pequeño; aproximadamente a partir de los ocho o nueve años, fui conocedor de los problemas de convivencia que existían en mi casa y de cierta enfermedad que padecía mi madre, que la mantenía postrada en la cama durante espacios de tiempo frecuentes. Quiero ir a parar con esto, a que fui un niño que estuve muy pendiente de mi madre, ante los constantes viajes de trabajo de mi padre, que lo mantenían semanas enteras fuera de casa; fui también un niño entristecido interiormente,  por el conocimiento de aquellos problemas de convivencia y aquella enfermedad, la compadecía. Fui, paradójicamente, más niño y más maduro de lo que correspondía a mi edad. Esa tristeza me acompañó durante toda mi juventud. Supongo que mi propio caracter unido a ciertas vivencias, tristezas y desencantos entre otras sensaciones desagradables, me llevó a ser introspectivo, sensible, a preguntarme el por qué profundo de las cosas, de la vida, de la existencia, de los sentimientos y las sensaciones de las personas, de las mentes, de los corazones tanto felices como desgraciados. He aquí el origen de uno de los pilares básicos de mi creación artística actual: los sentimientos y las sensaciones de existencia.

   Supongo que he de agradecer, sin embargo, a aquellas experiencias sobre las que no voy a profundizar aquí, que correctamente canalizadas por mi mente, me hicieron un ser fuerte y estable emocionalmente para mi propia formación como persona, hicieron que aprendiese a través de la observación de mi interior, de las actitudes  y comportamientos propios y ajenos porque ciertamente durante mi niñez, mi pubertad y mi juventud más temprana, necesité respuestas para el caos que vivía en mi entorno más cercano. Y nadie me las daba. Respuestas que con el paso del tiempo dejé de buscar, pero aprendí ha seleccionar cuales eran los valores que quería en mi vida y cuales eran los que no deseaba y eludiría siempre.

   En cuanto a mi formación, resulta más que evidente que mis padres no supieron orientarme. Para mi padre las mujeres debían de ser secretarias y los hombres licenciados universitarios, tal y como dictaban las normas machistas, de las cuales soy un ferreo detractor, para quienes estaban anclados en el pasado, quizá un pasado por desgracia reciente. En el convencimiento de que ese camino era el correcto, contaron con el inestimable apoyo para poner en marcha sus planes, del jefe de estudios del colegio en el que estudié la EGB, don Vicente, quien les aseguró que por mis resultados académicos, podía estudiar una carrera universitaria… ¡lo que faltaba!

Publicada on 16 junio 2009 at 04:31  Dejar un comentario  

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